Dos damas venezolanas que asistían a una conferencia invitadas por Vargas Llosa resultó que venían a exigirle al presidente que las reciba para contarle toda una urdimbre de mentiras, como si a un presidente le sobrara tiempo para el cotilleo político, como si tuviera la obligación de recibir a todas las esposas de los presos, propios y ajenos, que han cometido un delito. Como si el presidente careciera de embajador en Caracas, de quien recibe información directa de la realidad venezolana. El Perú ya se pronunció con UNASUR, cuyos países están perfectamente informados de lo que pasa y han expresado su apoyo al país bolivariano. Las visitantes con atuendos de marca y cultura de tocador, intentan hacerse pasar por grandes activistas defensoras de los derechos humanos. Van por el mundo (nunca han dicho quién financia sus viajes, sus hoteles, sus agentes a tiempo completo que les gestionan entrevistas en todos los diarios y canales del mundo), propiciadas por la derecha internacional que ataca día y noche a Venezuela, señoras que se adornan con el Nobel (la cereza de la torta), huéspedes de la “Fundación de la libertad” , como lo fue anteriormente Álvaro Uribe, uno de los principales violadores de los derechos Humanos de América Latina que creó y financió los grupos paramilitares que asesinaron a miles de campesinos en Colombia.

Es más importante para nosotros que un presidente se confunda con las desgracias en este momento de horror y dolor, en medio del barro, de las casas destruidas, de los heridos, de los muertos, que atender una visita impertinente. Hubiera sido mejor ver a estas damas vestidas de jean sumándose a la ayuda colectiva de los damnificados. Es signo de inmadurez, venir en estos momentos que atraviesa el país, a exigir que las reciba el presidente para despotricar contra el gobierno del presidente Maduro.