Vale la pena hacer algunos comentarios de las elecciones municipales. En las acaloradas campañas se enfrentan nuevamente dos corrientes en pugna: la decencia y la corrupción, el insulto contra la serenidad, el amor por Lima contra los intereses personales (Comunicore a la vista), el valor contra las flaquezas, el orden contra el caos, la verdad contra el embuste, el verde esperanza contra el amarillo de la avaricia. Abundan los candidatos que están en la luna y que improvisan supuestos programas sin ningún sustento; quizás deambula por ahí la excepción de un candidato idóneo, por instantes correcto y que baila con desánimo por la falta de apoyo de su propio partido. El único debate organizado fue el del Colegio de Periodistas que se transmitió por televisión y que por obra de los candidatos tuvo, por instantes, el marcado tufo de una nueva revocatoria en pequeño formato (todos contra Susana). En el escenario pintaba mejor que nadie una butaca vacía, muda. el perfil de un candidato que no asistió porque no tenía nada que decir, pero sí mucho que responder.

Como en la revocatoria, esta vez el cargamontón contó con el refuerzo del contralor de la República, que festinando trámites dio a conocer su informe sobre un supuesto mal manejo de la Caja Metropolitana el mismo día del debate, con aviso público y sin haberlo antes puesto en conocimiento de la alcaldesa ni darle la oportunidad, como manda la ley, de levantar los cargos que le hace. Tendríamos que ser muy inocentes para creer que fue una casualidad y que el contralor es un dechado de virtudes. De esto sacaron provecho varios candidatos que, a falta de ideas y programas, recitaron por turnos el citado informe en el “debate”. Hubo candidatos para todos los gustos, desde el que manifestó su nostalgia por la desaparición de La Parada, que solo una mujer coraje pudo acabar con ese foco infeccioso. No faltó el candidato que prometía gobernar, si llegara al sillón municipal, de la mano de Urresti (ya lo veo, con cara de policía, expulsando del país a los artistas callejeros). Siguiendo sus pasos hemos visto a un alcalde anunciando que realizará los últimos días de su campaña de la mano de Keiko.

No han faltado las vacilaciones del Jurado Nacional de Elecciones frente a hechos sospechosos en las inscripciones, los fracasados paros en el mercado de Santa Anita, las agresiones contra los autobuses azules, los boicots, las dudosas encuestas (RBC es la excepción) a todas luces amañadas para confundir al electorado, las mentiras y los gritos destemplados, las campañas periodísticas y los noticiarios televisivos, unos tal vez más estridentes que otros. Sin embargo, tenemos fe en que Lima tiene reservas morales y que votarán por Susana Villarán los artistas, los deportistas, los poetas, las amas de casa, los periodistas limpios de polvo y paja, los gremios laborales, los profesionales honestos, el hombre de la calle que no se deja engañar, la mujer que aspira a dejar sentir cada vez más su presencia. A ellos y ellas sumo mi voto.

Que Susana Villarán continúe modelando una nueva Lima. Queremos una ciudad ordenada, con una autoridad valiente, trabajadora y honrada.